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La Gran Riada de 1957

Valencia posee uno de los parques más inusuales del mundo, ya que se encuentra en el antiguo cauce del río, que ahora no tiene agua pero que respira vida. Se ha convertido un imprescindible en la ciudad, tanto para el día a día de sus habitantes como para quienes visitan Valencia.

Se trata de una paradoja, ya que la ciudad, que tiene más de 2.000 años, surgió alrededor y gracias a la existencia del río Turia, entre huertas y acequias y sin embargo en la nueva configuración de la ciudad, ya no existe tal río.

Todo arranca de una desgraciada riada que ocurrió el 14 de octubre del año 1957. Desde días anteriores hubo precipitaciones muy abundantes en diferentes puntos del curso medio del Turia y en la zona de las acequias y afluentes que lo alimentan. Estas precipitaciones fueron elevando vertiginosamente el nivel del río a su llegada a Valencia.

En localidades cercanas como Pedralba se dieron las primeras señales de alarma: el agua subía impresionantemente y arrastraba troncos, animales y todo lo que pillaba de camino, hasta romper el puente en la localidad. Pero como en la ciudad aún no llovía, sus vecinos dudaban de la gravedad y en esos momentos aún muchos curiosos se acercaban para ver un río mucho más crecido de lo que solía ser habitual, sin pensar en el peligro de encontrarse en sus inmediaciones. No por mucho tiempo, ya que en la segunda onda de crecida, el río empezó a desbordarse e inundar rápidamente la ciudad.

La primera zona afectada fue el barrio de Campanar, pero también quedaron muy dañadas otras zonas como los poblados marítimos. Hoy en día aún se pueden ver las marcas de hasta dónde llegaron las aguas en muchos puntos de la ciudad, que iba desde 40 centímetros en Avenida del Reino, más de 3 metros en el Parque del Parterre en pleno centro y hasta más de 5 metros en la calle Doctor Oloriz.

Las consecuencias de la riada fueron muy graves, ya que aparte de días incomunicados, sin apenas asistencia en muchas zonas de la ciudad, alrededor de 400 personas perdieron su vida y muchos quedaron sin nada.

Después de la riada, un mar de lodo, fango y animales muertos inundó la ciudad y se tardó tiempo en que volviera a un estado normal.

Como consecuencia de la riada, el gobierno de Franco y las autoridades locales empezaron a plantear soluciones. Al final se optó por el denominado Plan Sur, que desvió el cauce del río al sur de Valencia, dotándolo de una capacidad de 5.000 metros cúbicos de agua, comparado con 3.700 metros cúbicos la que produjo la riada del 57, por lo que esperemos la ciudad permanezca así y la aguas no vuelvan a su cauce.





 

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